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Iluminación y diseño gráfico, dos claves en el establecimiento de pastelería

Este es uno de los factores claves en toda decoración. Por regla general, en los establecimientos la luz natural se mezcla con la artificial creando espectaculares escenarios que, bien acondicionados, pueden emocionar y sorprender al público.
También es importante la presencia de una luz indirecta que se proyecte desde lo alto del local de forma homogénea (su encendido o apagado debería ser individual), así como de focos que formen cascadas de luz, proyectadas hacia detalles particulares de la decoración del local, para dar vida a una zona más apartada o focalizar la atención sobre un producto en cuestión.
Atmósferas distintas. Los distintos puntos de luz utilizados, ya sean focos, lámparas, arañas ,etc.. deberían ser direccionables, modulables en intensidad y con la especial particularidad de poder cambiar de color. De esta forma se consigue que por la tarde se pueda entrar en un local con una atmósfera totalmente distinta a la de por la mañana, la cual, a su vez, cambiará a la de por la noche. Del mismo modo, según en qué momento del día nos encontremos se podrá destacar un producto u otro.
Por la mañana se puede entrar dentro de una pastelería donde el color dorado del pan, los croissants y las baguettes destaquen iluminados por la luz natural proyectada del sol. En este caso se tendrá que mantener el local con una luz difusa blanca, para conseguir que la diferencia de la iluminación interior con la exterior no sea excesiva. De lo contrario, el local parecería oscuro y quitaría protagonismo a los productos expuestos.

Pero no sólo se debería cambiar la iluminación a lo largo del día, la temporada en la que nos encontremos o el clima exterior también debería modificar la luz de un establecimiento. Así, por ejemplo, durante un día lluvioso, para llamar la atención sobre productos como los pasteles o los artículos de bollería que suelen adquirirse durante una pausa, cuando se está de buen humor y relajado (y no con el mal humor que despierta la lluvia) se puede mantener una iluminación a base de LED (tecnología de iluminación de bajo consumo y alta eficiencia cromática) situados exactamente encima de los productos expuestos, o impostar la luz global del local hacia colores cálidos ideales para días oscuros y tristes. Esta misma fórmula sirve igualmente para la noche, creando una atmósfera acogedora que invita a pararse y tomarse un café ó un té mientras se compra el pastel o el pan.
Por la mañana se puede entrar dentro de una pastelería
donde el color dorado de croissants y baguettes destaquen iluminados
por la luz natural proyectada del sol.
Focos en pladur. La utilización de focos empotrados en pladur es uno de los recursos más empleados y con mejores resultados. Su uso confiere espacios móviles, simétricos y de líneas esenciales que dan vida a un ambiente cambiante, nada monótono y que necesita una justa iluminación. Para ello se puede iluminar utilizando focos con los que crear juegos de luces y sombras en la pared o lámparas de neón que aligeran los volúmenes.
Estos puntos de luz pueden ser neutros o de colores; fijos o direccionables y variables de intensidad colocados en diversos grupos ofreciendo así la posibilidad de comandar individualmente cada grupo. Aquí está la magia de los focos, crear zonas y volúmenes de luz que llamen la atención, no sólo por la luz en sí misma, sino por el efecto de profundidad que crean al encontrarse empotradas en la pared.

La misma situación se crea con los faros colocados en los paneles de madera que revisten los volúmenes. Con su encendido se consigue que las paredes alrededor del mobiliario formen zonas limitadas, escondidas, pero visibles que parecen pertenecer a otro local, cambiando continuamente de color. Y es que, al cambiar el color de la luz se enriquece la vista, se llena de curiosidad y se conduce rápidamente al corazón, a la mente y, con ello, a la imaginación. Permanecer un rato en este local puede provocar el disfrute de una atmósfera que se encuentra entre la realidad cotidiana y la fantasía del tiempo libre, entre la realidad del exterior del local y el interior del mismo.
También pueden emplearse lámparas artesanales que contribuyen a dar un toque personal al ambiente.
La utilización de un tipo de iluminación que se encuentra entre la luz y la imagen -fondos de colores en movimiento proyectados en una pantalla-
son cada día más utilizados.
Diseño gráfico
El diseño gráfico, dentro del contexto de las señales (decoración, símbolos, palabras) e imágenes es fundamental a la hora de ambientar un espacio y en particular los locales públicos donde se consumen tanto comida como bebida. El hecho de encontrarse en un local para comer o tomar una tapa con los amigos, implica la acción de estar en un mismo sitio durante un determinado período de tiempo, a veces incluso absortos como estamos en la rutina diaria, tenemos prisa pero no podemos escapar a la "pérdida de tiempo" que conlleva la espera para la elección de lo que queremos consumir, para que seamos servidos, para pagar, en resumen pasamos parte del tiempo en los locales esperando.

Es justamente en estos fragmentos de tiempo en los que entra en juego el poder del diseño gráfico: nos libera de la tensión creada por las prisas y la espera obligada. De esta forma, ya rendidos, empezamos a mirar nuestro entorno.

El diseño gráfico nos puede abrir los ojos y la mente hacia nuevos escenarios, distrayéndonos de la espera y del momento actual. Con él nuestra mente viaja hacia nuevos horizontes, hacia países extranjeros, cuentos, sueños... Pero, además, lo gráfico puede transmitir significados "objetivos", que representan la filosofía del local o por ejemplo la oferta de un café que llega directamente del país productor.
Obviamente, el poder de evocar situaciones con las imágenes y el diseño gráfico es más fuerte en aquellos locales que cuentan con un apartado para el consumo del producto de un modo relajado, en donde el cliente se instala por el simple hecho de pasar un poco de su tiempo libre. Entonces, su mente está dispuesta a viajar y el diseño gráfico se presenta de un modo más sugestivo, a través de los juegos de luces y detalles particulares.
El hecho de encontrarse en un local para comer o tomar una tapa con los amigos, implica la acción de estar en un mismo sitio durante un determinado periodo de tiempo en donde siempre hay que esperar para elegir lo que queremos consumir, para ser servidos, para pagar. En estos fragmentos de tiempo entra en juego el poder del diseño gráfico: nos libera un poco de la tensión creada por las prisas y la espera obligada.
Fotografías: Marino Serafín y Maurizio Benassi


















