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Opinión
Alberto Ruiz

Orgullo de oficio

En la editorial de Dulcypas #449 repasamos qué elementos distinguen la realidad de un pastelero, ahora y en el futuro

Ilustración editorial 449
 

No descubrimos nada si decimos, como venimos haciéndolo desde hace años, que la formación es la mejor garantía para el futuro de un oficio cualquiera, y no es diferente en el caso de la pastelería, más bien al contrario. El pastelero de hoy, y no digamos el del mañana, debe ser un experto en la elaboración de la mejor pastelería artesana, pero también debe atesorar amplios conocimientos en cuanto a la composición de aquello que tiene entre manos, dominar los procesos de fabricación, conocer a fondo la naturaleza de los ingredientes e incluso entender a cerca de cuestiones nutricionales y dietéticas. Esas son las únicas armas, junto al talento y la creatividad, de que dispone hoy el artesano pastelero frente a la implacable expansión de la todopoderosa industria. 

Y todo eso se obtiene en las escuelas. Por eso, queremos aplaudir el trabajo que desarrollan los centros de formación y celebramos el excelente resultado que cosechó el recientemente celebrado Concurso Nacional de Estudiantes de Pastelería, que tuvo lugar en Intersicop y del que nos hacemos amplio eco en el último número de Dulcypas. Con una participación record y un nivel medio general más que aceptable, el evento estuvo marcado por un lado por la ilusión de los jóvenes alumnos que en la mayoría de casos se enfrentaban a su primera experiencia de trabajo ante el público, y por otro por la expectación que despertó entre los visitantes de la feria, que se acercaban continuamente para seguir de cerca las evoluciones de los diferentes trabajos.

En definitiva, una nueva competición que no solo sirve de aliciente para los participantes, sino que además pone en el escaparate mediático la existencia de una profesión de alta especialización, para la que se requiere una extensa formación y a la que no puede o no debería poder dedicarse cualquiera.

Por tanto, larga vida a este concurso porque su celebración nos parece necesaria para seguir mostrando a los jóvenes que la pastelería es un oficio maravilloso, con un futuro prometedor y del que sus integrantes pueden sentirse orgullosos.

Editorial de Dulcypas #449 [ consulta el sumario ]

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