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Opinión
Jaume Cot

Malasia cambia el rumbo de la Coupe du Monde de Pâtisserie

Podium con los tres clasificados

El equipo de Malasia compuesto por Wei Loon Tan (encargado azúcar), Otto Tay (encargado chocolate) y Ming Ai Loi (encargado hielo) se convirtió el pasado lunes en el ganador de la Copa del Mundo de Pastelería celebrada en Lyon. En su 30 aniversario, la competición hace historia colocando en lo más alto de su podio por primera vez a Malasia, con tan solo unos pocos puntos (11.904) por delante de Japón (11.862), segundo clasificado y a cierta distancia del tercero, Italia (11.083).

La competición de pastelería más prestigiosa del mundo celebra así una larga trayectoria demostrando que aún es capaz de sorprendernos. Aunque la organización no ha sido muy amiga de cambios todo este tiempo, para esta edición proponía por primera vez la elaboración de un postre en plato de origen 100% vegetal, una novedad que parece que no va a ser la única, ahora que su fundador, Gabriel Paillasson, ha anunciado que se retira.

 

Manteniendo la espectacularidad

Para todos los familiarizados con el concurso -equipos de tres miembros que deben elaborar a lo largo de un día dos tartas, un postre en plato y tres piezas artísticas- esta edición ha mantenido su tónica habitual. La escultura de hielo, las piezas de caramelo y chocolate y las tartas de chocolate y de fruta siguen manteniendo su espectacularidad en los formatos y volumen, pero su carácter más bien conservador en el juego de sabores, incluso en el porcentaje de dulzor. Obviamente los concursantes no quieren tomar riesgos innecesarios y por eso realizan apuestas más convencionales en los sabores, a fin de no tener reacciones negativas por parte de ninguno de los jurados internacionales.

 

 

Es en el formato y en la estética por lo tanto donde se juega la mayor parte de puntos en esta competición. Algo que se puede apreciar facilmente por ejemplo en la espectacularidad de los buffets finales de presentación. Aunque en realidad muchas de estas propuestas siguen unos cánones parecidos durante los últimos años, los ejercicios de perfección y espectacularidad no dejan nunca de asombrar a los presentes. En este sentido también se hace más obvio que nunca la fuerza con la que los equipos asiáticos están imponiendo su protagonismo frente a las potencias pasteleras clásicas. No solo los países que alcanzaron el podio, sino algunos de sus más inmediatos seguidores en la clasificación -Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Singapur o China- mostraron hasta qué punto se pueden confeccionar auténticas virguerías a partir solo de azúcar, chocolate o hielo.

Gabriel Paillason, visiblemente emocionado por el sentido homenaje que se le dedicó como fundador de la competición al cumplir los 30 años, insistió en el valor de la victoria de un país como Malasia, un hecho que según él demuestra que el buen trabajo siempre obtiene recompensa, sin importar la procedencia.

 

 

CMP se vuelve vegana

Como revista especializada tuvimos en esta edición el honor de ser parte del jurado de la prensa, una oportunidad que nos permitió probar los postres en plato veganos. Es de agradecer que se propongan cambios en esta competición y que además vayan en la dirección de atender las preocupaciones del consumidor actual. Sin embargo, no es fácil establecer una conclusión a la luz del resultado que degustamos. En algunos casos, los equipos solo buscaron ingredientes alternativos al estándar, para intentar alcanzar el mismo resultado que en la versión no vegana, pero que no impedía tener la impresión de convertirse en un sucedáneo del original. Queda camino por realizar en este sentido, para promover un abanico de creaciones realmente golosas que no necesiten de ningún ingrediente de origen animal para ser insuperables. Por ejemplo reivindicar los vegetales en su aplicación dulce, algo que vimos muy poco y de forma tímida en las propuestas presentadas (alguna remolacha, alguna berenjena y poco más), pero es lo que precisamente invita a pensar que hay camino por recorrer y que los pasteleros artesanos tiene algo que decir en todo esto.

El sabor de boca que deja esta nueva edición, así en caliente, sigue siendo extraordinario, gracias a la fuerza que tiene el concurso para congregar a profesionales de todo el mundo alrededor de un gran espectáculo. Confiamos en que sean ciertos algunos de los comentarios que hemos oido estos días por parte de la organización, y que los cambios que se han empezado a ver en esta edición continúen en el futuro. Cambios para renovar el atractivo del concurso, pero nunca para perder su esencia de canto a todo lo que hace de la pastelería algo único, especial y espectacular. Solo falta desear que España vuelva también a esta arena. Muchos nos paraban constantemente preguntando extrañados por la ausencia de equipo español, una cuestión que esperemos que se pueda subsanar más pronto que tarde.

Felicidades a Malasia por saber jugar sus opciones con tanta maestría y felicidades en general a los pasteleros del continente asiático por demostrar que han aprendido tan bien de sus maestros que ya pueden empezar a impartir lecciones como las que han dado estos dos últimos días en Lyon.

 

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