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Opinión
Jaume Cot

La Mostra de Pastisseria de Sant Vicenç vuelve y convence

Raúl Bernal al final de su ameno taller con el chocolate como protagonista

Ni siquiera el mal tiempo y la lluvia que asomó durante la mañana del segundo día empañó una nueva edición de la Muestra Internacional de Pastelería en Sant Vicenç dels Horts (Barcelona). Aula totalmente a rebosar, con personas de pie en los aledaños en todos y cada uno de los 11 talleres de primer nivel que se desarrollaron en la carpa de habilitada en el centro de la localidad, frente al Ayuntamiento.

¿El perfil de público? Pues personas corrientes que en muchas ocasiones tenían en esta experiencia su primer contacto con cierto nivel de pastelería, al menos explicado por sus autores con todo lujo de detalle y muchas técnicas en directo –¡pero con degustaciones también!-. “Prefiero que el público no comprenda algo o alucine con su complejidad, antes que se encuentren un pastel explicado para niños pequeños”, nos aclara Eugeni Muñoz, de la Pastelería Muñoz de la misma ciudad y promotor del evento. Su objetivo no podía quedar más claro y demostrado con todo lo visto. La pastelería puede ser un oficio cautivador, complejo, artístico, delicado, goloso y estimulante. Uno a uno, los chefs protagonistas de cada taller se encargaron de compartir sus inquietudes, mostrar algunas de sus creaciones más personales e intentar explicar todo lo que las rodeaba.

Los pasteles rabiosamente modernos e intensos de sabor de Abel Bravo; las joyas chocolateras de Josep Maria Ribé; la posibilidad de seguir disfrutando del dulce pero en versión vegana de Sara Pennachio y Cris Massana (Toni Rodríguez); la pequeña gran joya en forma de pasta de té de Abraham Balaguer; los travel cakes sin gluten de Betina Montagne; ya en el segundo día, los sablés de frutas adaptados a nuevos consumidores de Carles Mampel; el postre gastronómico Tronco de chocolate de Andrea Dopico; la dulzura criolla made in El Celler de Can Roca de Angelica Locantore; el postre con sabor a premio internacional de Salvador Pla; y los bocados de chocolate de Raúl Bernal; completaron todos ellos dos jornadas de primer nivel. Sin olvidar tampoco a Mayte Rodriguez, la especialista en figuras artística elaboradas con Isomalt, que volvió a construir una bonita escultura a lo largo de las 48 horas de certamen.

Buenas vibraciones por tanto, y la sensación de haber dado con un modelo no solo acertado sino necesario, importante para acercar al gran público el minucioso trabajo que suele haber detrás de la pastelería artesana.

Como broche de clausura, los pasteleros recientemente laureados Albert Roca (Mejor Croissant), Lluís Costa (Mejor Pasta de Té) y Jordi Morelló (Mejor Panettone) se enzarzaron en una tertulia moderada por Josep Socarrats de la revista Cuina sobre el momento actual de la pastelería artesana, su popularidad y su futuro. Eugeni Muñoz también estuvo presente en el cierre, agradeciendo tanto el esfuerzo de la administración municipal en la organización como el de todos los participantes y visitantes. Y también presentó a Marc Balaguer, quien anunció la creación de unos premios que distingan a los mejores establecimientos de pastelería de Catalunya y que se quieren realizar con la colaboración de la revista Cuina y el asesoramiento de Ramon Morató.

 

 

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